el orador indisciplinado. performatividad en la obra de Jorge Bonino

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En el presente ensayo nos abocaremos a pensar la categoría de performatividad y también performance, arte de acción, happening, nuevo teatro, en un recorte de un grupo de presentaciones, espectáculos, acontecimientos, actos, cosas que realizó el arquitecto cordobés Jorge Bonino en la década de los sesenta [1]. Dichas apariciones en distintos teatros fueron posteriormente recuperadas bajo la categoría de performance, en lo que respecta a los estudios y conmemoraciones ulteriores al fallecimiento de este personaje.

Para comprender mejor dichas categorías nos será útil seguir el recorrido de quienes ya han estudiado el fenómeno.

Ya en los análisis del director teatral y dramaturgo ruso Nicolas Evreinov, este revisa la categoría de “teatro” por fuera de los dominios estrictos del escenario, como si se tratase de una cualidad instintiva del hombre. Evreinov entiende la teatralidad como aquel instinto básico por el cual oponemos «las imágenes recibidas desde fuera, a las imágenes arbitrarias creadas desde dentro; el instinto de trasmutar las apariencias ofrecidas por la naturaleza, en algo distinto».

La teatralización de la vida es factible de ser percibida con claridad en los diferentes ritos humanos. Señala Victor Turner que el rito comprende tres momentos fundamentales: (i) la separación del individuo de su grupo de pertenencia; (ii) la modificación transitoria del mismo, quien, en un estado liminal, deviene por un instante en un otro, una alteridad, un personaje, un actor, una representación; y (iii) la integración del sujeto nuevamente al grupo con un nuevo estado adquirido[2].

La cultura en su conjunto vendría a ser una suerte de acumulación de representaciones que fueron reafirmadas a través de un sin número de rituales, las que aprendemos luego para vivir en una sociedad determinada. Son estas conductas cristalizadas en los procesos cotidianos de teatralización, las que luego se nos enseñan para disciplinar nuestro cuerpo de maneras bien definidas, a fin de insertarnos con facilidad en un grupo social[3].

En el teatro tradicional un actor para interpretar un papel estudia las conductas de los sujetos que planea imitar, se sirve de la copia de las maneras en que ya utilizamos las representaciones habitualmente, y las pone en acto siguiendo un guión narrativo. Es aquí que se intenta afanosamente de ocultar que se trata de una manera ficticia de conducirse de un sujeto. Cuando asistimos al teatro el evento que presenciamos se desarrolla de manera independiente a nosotros como espectadores, por el recurso que es llamado la cuarta pared.

Los personajes imitan los comportamientos de un sujeto creando un efecto ilusorio a través del seguimiento de una narrativa lineal, lo que nos hace percibir que estamos ante un hecho real.

El nuevo teatro o la performance selecciona y recorta fragmentos disimiles de esta teatralidad mundana, se apropia de las conductas que restauramos en nuestro día a día, pero las combina y yuxtapone, sin disimular las fricciones entre las mismas. Al ubicarlas sobre el escenario las vuelve extrañas, nuevamente ajenas, lo que devela su condición de construcción artificial. Esta apariencia de total presentación de una acción nos deja entrever que nuestra vida está plagada de actos, los cuales han sido naturalizados y pasan desapercibidos ante nuestros ojos.

La teórica alemana Erika Fischer-Lichte hablara de performatividad en los mismos términos del dramaturgo ruso, cuando menciona que el «aspecto de lo performativo es la reiteración o repetición en la ejecución de acciones existentes en la cultura las que pueden volver a reconocerse en un contexto totalmente cambiado».

La performance es un acto que lleva a la performatividad hasta sus límites más extremos, al punto que una acción, por más ordinaria que sea, se despoja de su sentido original. La performance es aquello “que es”, lo que, sobre el escenario, permite la apertura a otros campos semánticos.

La constante del arte de acción es la duración. La teórica norteamericana Susan Sontang, en sus escritos sobre el happening, señala su cualidad fungible, perecedera, fútil. Nada queda.

Aún cuando la presentación se reitere varias veces este nunca tiene la posibilidad de ser resucitada. Los acontecimientos son accionados de manera azarosa, desordenada y confusa; como un amasijo de sorpresas sin jerarquía.

El performer utiliza como material fundamental su cuerpo y todo lo que este implica: sus fluidos; la carne; su resistencia; sus fallas; su sonoridad; la interacción con los objetos que lo rodean; su relación con los espectadores y como estos lo perciben. Sin embargo el cuerpo no es el tema. Sobre esto el dramaturgo y teórico chileno del teatro Mauricio Barría Jara sugerirá que «la performance pone en juego una política del cuerpo y no una reflexión sobre el cuerpo», dado que fundamentalmente trabaja desarmando y desgarrando la política de la representación cultural de lo corporal, rompiendo su cristal, percudiendo la cascara, a través de la exhibición del material per se.

Jorge Bonino, el primer performer cordobés.

Córdoba es la segunda ciudad más importante de la república Argentina, sin embargo esto no quita que se trate de una escena local pequeña. En los sesenta se reconoce por su auge internacional a través del desarrollo de las tres Bienales Americanas de Arte (1962, 1964, 1966), también llamadas Bienales de Córdoba[4].

Dentro de este escenario Jorge Bonino era un arquitecto que desde niño entretenía a sus colegas y amigos con diversas payasadas. Corría el año 1965 cuando decide hacer su primera presentación pública, que en sus palabras fue motivada por el solo deseo de juntar a un grupo de gente por una noche para ofrecerles una crítica al mundo sin ningún punto de vista. La presentación tuvo un gran éxito y debieron repetirlo ante la insistencia del público. Es así que un año después se lo invita a Buenos Aires a presentar su trabajo en el Instituto Torcuato Di Tella [5]. Esto lo catapultó a una gira por Europa, pasando por distintos teatros en Francia, Italia, España, Austria, Suiza, Alemania y Holanda. Allí comienza a desmejorar, lo que lo hace regresar a Argentina en 1974. Años después es internado en el Hospital Neuropsiquiátrico Dr. Emilio Vidal Abal de la localidad cordobesa de Oliva. Es allí que fallece el 17 de abril de 1990 en Oliva, arrojándose por el hueco de una escalera [6].

Muchas son las dificultades para la recuperación de su obra, partiendo del hecho de que no se conservan documentos completos de sus presentaciones. Se puede tener acceso a un número de audios registrados en el Instituto Di Tella, algunas fotografías, algunos videos sin audio, un film corto, y un sin número de anécdotas de conocidos y espectadores que concurrieron a sus espectáculos. Buena parte de lo que hoy es Bonino se trata de una anécdota colectiva sostenido por muchas voces en la oralidad y el recuerdo.

En vista de esto hemos decidido analizar dos de sus trabajos a través de los relatos que nos han llegado y dos fragmentos de los audios que se conservan de sus presentaciones Bonino aclara ciertas dudas (1966) y Asfixiones o Enunciados (1968) [7].

Se cuenta que durante su primera presentación el cordobés ingresaba a la escena vistiendo un traje como de enfermero y calzado con zapatillas blancas. A veces utilizando un mapamundi procedía a explicar la geografía, señalaba qué sucedía en cada parte del mapa en un idioma totalmente incomprensible; contaba el origen de la música o recorría la historia de la humanidad. «Bonino era un perfecto profesor de lenguas. Colocaba un pizarrón en medio de la escena, se ponía la tiza y el guardapolvo y empezaba a enseñarle al público las disciplinas más extrañas con un lenguaje no reconocible, una especie de mezcla de todas las lenguas y todas las entonaciones del mundo. (…) Al terminar sus funciones, esas clases “magistrales”, llegaba la sorpresa: ¡Bonino entregaba diplomas a los “graduados” del público! Los llamaba en voz alta por su apellido y en medio del estupor general iba entregando unos rollos-pergaminos, como si fuera un adivino» . Bonino parecía articular un lenguaje (si es que puede llamárselo de esta manera) en el que juguetonamente no establecía ningún tipo de concatenación sintagmática [8] entre las unidades de la lengua. Un lenguaje que pareciera reunir varios idiomas, que se desliga del uso habitual de las palabras, cuya sola sonoridad y entonación nos podría remitir a un contexto, pero que en sí mismas no referían a nada [9].

Se comenta que todos sus actos eran totalmente diferentes, lo único que permanecía estable era la utilización de tres elementos: un gran mapamundi en blanco y negro, una valija de dónde sacaba objetos, un pizarrón, y su indescifrable lenguaje. Una noche Bonino decidió no actuar: al subir al escenario para comunicarle al público que les devolvería la entrada, la gente creyó que era parte del espectáculo, y no se movió para nada. Entonces hizo subir a un grupo de observadores de la primera fila para charlar con ellos, luego les dio directivas para que copiaran en un pizarrón la escenografía que él iba moviendo sobre el escenario y las pintaran de distintos colores; el público quedó finalmente encantado. Sabemos que una de sus presentaciones termino desfilando junto al público por las calles, «un dos un dos, todos detrás de una bandera diseñada por el mismo que incluía cañones, delfines, dragones y peroncitos» [10].

En 1968 presenta Asfixiones o Enunciados, espectáculo en el cual decide hablar “normalmente”, según cuenta el propio Bonino [11]. En el mismo se propone explicar una receta para una pizza, pero las modulaciones de su voz no se corresponden a lo que normalmente estamos habituados a escuchar de alguien que nos da instrucciones para preparar esta comida. Por el contrario pareciese que estuviera dando un discurso político (hasta con cierta reminiscencia fascista) o un sermón al estilo de un pastor evangélico[12]. Mediante su elocución enfatizaba (al azar) aquello que hipotéticamente “se debía hacer” y aquello que “no”, aquello que es “importante” y lo que “no merece atención”. También realizaba entonaciones no habituales para comentar una anécdota durante un viaje, sobre un «especie de caballo» que se movilizo desde Venado Tuerto hasta la ciudad de Córdoba. La incoherencia de la descripción, la adhesión de elementos casuales, y la falta de narrativa de su relato se combina con esta extraña manera de enunciarlo. Cuando parecía que la seguidilla de largas palabras iría a desembocar en una conclusión la frustraba. Enuncia una serie de frases truncas, que no posibilitaban la comprensión literal de lo que está diciendo. Nuevamente nos sentimos extrañados, porque el tono de lo escuchamos no se condice con lo que esperaríamos escuchar en una historia de este tipo.

Podemos denominar a aquello que hacía Jorge Bonino como performance, aún cuando no existiese en su momento un paradigma inmediato que lo recuperase como tal. Sabemos además que tenía cierta consciencia de que sus presentaciones no eran del todo teatro. En sus propias palabras comenta que intentaba desnaturalizar los hechos cotidianos llevándolos al escenario. «Pretendo que el público mire y se sorprenda de la evidencia de un hombre comiendo… son movimientos que nos parecen cotidianos pero que son totalmente extraños cuando los vemos en escena. Se trata de un hiperrealismo más grande que la realidad misma» [13]. Sin embargo podemos decir que no se desvinculaba del todo de la representación teatral, sino que se servía de ella para constantemente tensionar sus límites.

Aún cuando Bonino comenzaba sus presentaciones sobre un escenario, con el público en sus butacas, este constantemente se asomaba fuera de los límites de la cuarta pared, permitiendo que los espectadores formaran parte constituyente de la presentación al punto de ser protagonistas de la misma; siempre bajos sus directivas. A pesar de que parecía interpretar paródicamente a un profesor, un instructor de cocina, un conferencista, o un pastor; la forma contradictoria de emplear el lenguaje en la encarnación de dichos papeles hacía que estos no resultaran del todo representaciones miméticas. Es así que ridiculizaba constantemente las representaciones de la autoridad [14]. En una misma performance seleccionaba y yuxtaponía: (i) representaciones en actos y hasta en vestuario de personajes de cierta jerarquía; (ii) discursos, narrativos e inconexos, reconocibles e indescifrables, de contenido aparente y sin sentido; y (iii) formas de elocución que pertenecen a otro paradigma, a otros tipos de retórica, que posee marcadas característica simbólicas que difieren de lo que efectivamente se está pronunciando. Cada momento de su presentación resulta de un extraño híbrido entre lo que hace y como lo hace, y entre lo que dice mientras hace y como lo dice.

Manteniendo cierto grado difuso de mimesis con el papel que interpretaba, dislocaba la acción del discurso, y, a su vez, el lenguaje a nivel de forma y contenido. Esto permitía develar la construcción artificial de la oratoria, y las codificaciones culturales que atraviesan a las figuras imitadas y como se conducen cuando hablan.

Bonino actúa y también grita, gesticula, baja la voz, da órdenes, cita, dirige, vocifera, lee, inventa, inmiscuye metáforas o relatos fantasiosos, enfatiza y desmerece. Se comporta como un orador indisciplinado que remueve la fina veladura teatral del acto de orar.

[1] Primero en Córdoba, luego en Buenos Aires y en varias partes de Europa.

[2] Cfr. TURNER, Victor (1964) Betwixt and Between: The Liminal Period in Rites de Passage.

[3] Desde pequeños se nos dice como debemos vestirnos, como hablar en determinadas situaciones, como debemos dirigirnos a nuestros mayores, como tratar a nuestros superiores, como disponer nuestra comida sobre la mesa, y así con todos nuestras costumbres.

[4] Dichos eventos fueron constituidos como emblemas de los procesos de modernización o “actualización” con los que se presentaba una pujante Argentina de posguerra. Las bienales constituían un espacio de máxima visualización y legitimación del arte contemporáneo, y hasta reconfiguraban la vida cultural de la ciudad mientras permanecían inauguradas. Las mismas fueron posibles gracias al patrocinio de Industrias Kaiser Argentina, en un intervalo democrático de gobierno entre la seguidilla de golpes de estado que atravesó el país. Para mayor información cfr. ROCCA, Cristina. 2009. Arte Modernización y Guerra Fría. Las Bienales de Córdoba en los sesenta. (Córdoba: Editorial Universidad Nacional de Córdoba).

[5] Espacio de enorme reconocimiento internacional por su carácter experimental en el campo de las artes visuales de los sesenta en Argentina.

[6] Para más información sobre la vida de Jorge Bonino cfr.: KAMENSZAIN, Tamara. (1976). El espectáculo no puede detenerse. (Buenos Aires: La Opinión Cultural). DEL BARCO, Oscar. (1999) Bonino o el fin del “espectáculo”. En el catálogo “¿y bonino? para la muestra organizada por la Fundación Jorge Bonino (Córdoba). SCHMUCLER, Sergio. (1999) Entrevistas realizadas a conocidos de Bonino para la muestra organizada por la Fundación Jorge Bonino. NARVAJA. (2007) C. Boninosaurio, mi amigo. (Córdoba: Narvaja Editor). CASARÍN, Marcelo. (2003) Bonino, actor de mi propia obra. (Córdoba: Ediciones del Boulevard).

[7] MARIMÓN, Antonio. La cultura de lo imposible en 100 años de la plástica en Córdoba: 1904-2004. Córdoba, La voz del Interior y Museo Provincial Emilio Caraffa, 2004.

[8] En lingüística un sintagma refiere tanto al conjunto de letras que configuran una palabra, como a las palabras que conforman una frase o enunciado.

[9] Él mismo en una entrevista recuerda como luego de haber actuado para un grupo de especialistas del lenguaje algunos se acercaron y le decían cosas como: “usted dijo diez palabras en hindú”. Op. Cit. KAMENSZAIN, Tamara.

[10] Salzano, Daniel. (2012) Bonino, la leyenda continúa. (Córdoba: Ciudad X).

[11] Op. Cit. KAMENSZAIN, Tamara.

[12] Como dato anecdótico la familia de Bonino era evangelista. Según los recuerdos de Laura Clarc (amiga de la infancia), asistían con Jorge la comunidad evangélica de Villa María a una serie de largas conferencias de un grupo de pastores misioneros que predicaban sus sermones en una suerte de spanglish. Al terminar estas conferencias, se armaban unas especies de fiestas, donde Bonino aprovechaba a parodiar a los pastores solo en su fonética para hacer reír a sus pares. Cfr. Entrevista a Laura Clarc por Sergio Schmucler. 1999.

[13] Op. Cit. KAMENSZAIN, Tamara. Es posible que dada la euforia de la época Jorge Bonino haya sabido las presentaciones de John Cage, quien supo mostrar dos piezas en Córdoba para las primeras Jornadas de Música Experimental en 1966; o que haya tenido noticias de los Happenings de Allan Kaprow, o los acontecimientos de Claes Olderburg.

[14] Existiría quizás una posible asociación con Charles Chaplin en su film de 1940, El gran dictador.

Bibliografía

AUDIO – Bonino aclara ciertas dudas – Jorge Bonino -1966.

AUDIO –Asfixiones o Enunciados – Jorge Bonino – 1968.

BARRÍA JARA, Mauricio.

(2014) Intermitencias, Ensayos sobre performance, teatro y visualidad. (Santiago de Chile: Editorial Universitaria).

BUSTOS, Guillermina; MOLINA, Manuel.

(2011) Jorge Bonino. Informe de avances en la investigación. Área Pensamiento Latinoamericano. Secretaría de Cultura de la ciudad Córdoba.

BUSTOS, Guillermina; MOLINA, Manuel.

(2011) Intentando Recuperar a Jorge Bonino, problemas metodológicos y epistemológicos. XV Jornadas de Investigación del Área Artes del Ciffyh/CePIA, Facultad de Filosofía y Humanidades. Centro de Producción e Investigación en Artes (CePIA). Universidad Nacional de Córdoba. Noviembre.

EVREINOV, Nicolas.

(1956)El teatro en la vida. (Buenos Aires: Leviatán).

SONTANG, Susan

(2008) Los happening: un arte de yuxtaposición radical en Contra la Interpretación. (Buenos Aires: Debolsillo).

TURNER, Victor.

(1964) Betwixt and Between: The Liminal Period in Rites de Passage. (Seattle: The University of Washington Press). Traducción al castellano: Al margen del margen. (Perú: Pontifica Universidad Católica del Perú).

 

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